Esto fue lo que hice para volver a tener sexo en mi matrimonio

Hay gente mal intencionada que cree que el matrimonio es el fin de una vida sexual activa. Mucha gente joven que comprometerse con una pareja de por vida implica renunciar a la gran variedad de experiencias que otras personas te pueden ofrecer.

Pero hay mucha más riqueza en tener una vida sexual activa y saludable con un cónyuge, que la que jamás habrá en amanecer cada día con una persona distinta. Te lo dice la voz de la experiencia.

Cuando nos casamos, José y yo teníamos muy poca experiencia en el ámbito sexual. Yo había tenido una pareja con la que había tenido intimidad, y José había compartido cama con otras dos mujeres antes que yo.

Cuando comparamos nuestras notas llegamos a la conclusión de que ni siquiera estábamos seguros de qué cosas nos gustaban.

Sabíamos que había prácticas que nosotros jamás intentaríamos, pero si nos preguntamos ¿Qué quiero en la cama? La respuesta siempre era No lo sé. Nos dimos a la tarea de intentar diversas cosas para conocernos y saber cómo darnos placer el uno al otro.

Y habíamos pasado cierto tiempo así: Felices, conociéndonos, aprendiéndonos el cuerpo del otro y disfrutando de cada cosa nueva que encontrábamos.

Una conexión así vale más que estar con una pareja distinta cada día, porque te permite sentirte segura de que pase lo que pasa, a la mañana siguiente no despertarás sola.

Luego, empezaron los problemas. Y al principio de las discusiones parecía que teníamos problemas en todos los aspectos excepto en la cama. Tal vez algunas personas lo consideren una ganancia personal, pero en ese momento ni él ni yo supimos agradecer. Pronto, eso también se acabó.

No teníamos ganas de disfrutar de la intimidad que solía hacer que siempre amaneciéramos con una sonrisa.

Dormir en la misma cama se convirtió en algo tan distante como dormir en diferentes continentes. Ya no era un sitio seguro donde aprender sobre nosotros mismos de manera física, sino una trinchera.

Incluso el despertar dejo de ser bonito. Ya no habríamos los ojos con una sonrisa, sino con pereza. No sentíamos descanso en el repaso, y parecíamos autómatas iniciando nuestras actividades sin apenas dirigirnos la palabra.

¿Cómo es que solucionamos todo? Incluyendo la falta de sexo

Porque buscamos ayuda en los lugares correctos. Existen mil y una opciones a elegir y sé que es frustrante tener que escoger. El método de ensayo y error en estos casos no sólo es doloroso, sino catastrófico.

La terapia de pareja fue todo un fiasco. Nuestra comunicación empeoró (sí, aún era posible empeorar), nos distanciamos todavía más y las discusiones subieron de tono. ¿Sexualmente? Si nuestras ganas de tener intimidad eran pocas antes de la terapia, después de algunas sesiones eran prácticamente nulas.

Pero, encontré expertos que después de años educándose en matrimonios, vida conyugal y comunicación efectiva lograron encontrar a la solución a mis problemas. Incluso han sufrido cosas similares, ¿Acaso hay alguien más confiable que un profesional así?

Estoy hablando del método Salva tu Matrimonio para Siempre de Isabel Meyer y el libro Recuperar mi Matrimonio de Natalia Fernández. Fuera de mis padres y abuelos, jamás creí que podría llegar a deberles tanto a dos personas.

Isabel Meyer me ayudó a comprender que la intimidad es una parte natural de toda relación. Los momentos en donde se comparte la relación física ayudan a promover el autoconocimiento, la autoestima, el respeto y la conexión en una pareja.

Hay casos en donde se ha visto que la falta de disposición sexual desemboca en irritabilidad, impaciencia, falta de confianza y autoestima baja. En la confusión entre tantos sentimientos negativos esto incluso puede llegar a una infidelidad.

¡No esperes a que tú o tu cónyuge quieran buscar fuera de casa lo que no encuentran en la cama!

Aún tienes la solución en tus manos, y sé que si estas en esta Web, es porque necesitas apoyo. Con mi testimonio, espero ayudarte para que recuperes esa chispa que necesitan tú y tu pareja.

Si nos pasamos al lado físico hay una explicación lógica de porqué el cuerpo humano parece necesitar sexo en algún momento determinado.

Existe una hormona, oxitócica, que se libera en nuestro cerebro cuando tenemos relaciones sexuales. Ayuda a que te conectes físicamente con otro ser humano.

Si tienes múltiples parejas sexuales, esta hormona sólo te ocasiona frustración pues no hay verdadera intimidad. Pero, al ser casado, permite que tú y tu cónyuge puedan encontrarse cada vez más interconectados.

Pocas cosas conectan tanto a una pareja como hacer el amor. Tu pareja te conoce, han recorrido ciertos kilómetros juntos y aunque ahora parezca haber muchas curvas e irregularidades en el camino, entraron juntos y juntos pueden salir.

Natalia Fernández, en su libro, Recuperar mi Matrimonio te ayudará a que de manera sencilla recuperes la comunicación con tu pareja en todos los sentidos. Encontrarán paz y volverán a tomar el rumbo que tenían en el momento en que se casaron, recuperando también la pasión y la alegría de compartir.

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¡No te rindas!

Con amor, Sonia.